Conclusiones
PRIMERA.-
El ambiente familiar y el maltrato son factores asociados con la presencia de
conducta antisocial, por lo que debemos prevenir dicha problemática mejorando
las relaciones familiares, la interacción entre los miembros con un ambiente
familiar positivo que permita a los adolescentes un sano desarrollo. En los
casos en los que desde la infancia se proporciona un ambiente familiar óptimo,
y que éste se logra mantener con relaciones intrafamiliares de verdadero
afecto, el adolescente convierte a los padres en sus guías y orientadores. Una
familia con una disciplina razonable y no arbitraria permite al adolescente
desarrollar una conducta social que lo va a conducir a su propio autocontrol y
a la autodirección. En cambio, cuando las relaciones entre padres e hijos son
desfavorables, la conducta moral del adolescente se deteriora fácilmente y es
común que los jóvenes presenten dificultades para adaptarse.
SEGUNDA.-
Las encuestas realizadas a los jóvenes nos arrojaron resultados que corroboran
nuestra hipótesis, donde el conflicto familiar y la violencia desarrollada en
éste ámbito, provocan problemas psicológicos de adaptación que en grados
elevados se convierten en patologías.
Como
resultado, encontramos que existe en la realidad una problemática frecuente
pero no conocida lo suficiente, para ser abordada desde diversas perspectivas,
como es la violencia.
TERCERA.-
Diversas opciones normativas para hacer frente a la delincuencia juvenil y al
delito partiendo de dos criterios opuestos: o bien “frenar y neutralizar” o
bien “captar y rehabilitar” a los jóvenes delincuentes.
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